Descubriendo la sonrisa de Marylin Monroe

 

Todos sabemos quien era Marylin Monroe, ya sea por sus fotografías, películas o porque estábamos vivos por aquel entonces. La actriz se hizo aún más famosa con su trágico final. Su muerte en 1962 sigue generando interés hoy en día ya que falleció siendo una mujer de apenas 36 años y en un suicidio misterioso.

 

Tras muchos años, los empleados de la funeraria rompieron su silencio y revelaron sorpresas. Atentos a los estudiantes de grado superior de protesis dental, la famosa actriz usaba dentadura postiza pese a su juventud y también senos postizos.

Una autopsia reveladora

Alan Abbot y Ron Hast recibieron su encargo más importante el 5 de agosto de 1962 ya que fueron los encargados de levantar el cadáver de la rubia más famosa de la historia. Dicha funeraria tenía muy buena fama y fueron los elegidos por su discreción. Marylin Monroe falleció debido a una sobredosis de barbitúricos tres horas antes de encontrar su cuerpo y todo parecía que había sido un suicidio.

 

Tras muchos años, los forenses decidieron revelar los secretos de la muerte de la actriz mediante su libro “Pardon My Hearse” disponible en Amazon , rompiendo así su secreto profesional.

 

La primera impresión que tuvieron fue de decepción ya que se encontraron con un cadáver que no parecía pertenecer a la mítica actriz. Según cuentan en el periódico The Daily Mail “Hacía tiempo que no se teñía, ya que sus raíces eran oscuras. Su color de pelo era marrón claro, no rubio. No se había depilado las piernas desde hacía al menos una semana, sus labios estaban muy agrietados”. Comentan que “también necesitaba una manicura y una pedicura”.

También han revelado que no parecía tan guapa ni glamurosa. “Estaba sin lavar. Era como una mujer de más edad, envejecida, que no ha cuidado de sí misma”.

 

Sin dentadura y con menos pechos

Los profesionales también aseguraron un dato que sorprendió a todos. Si bien podemos llegar a entender que en realidad no era tan guapa sin teñir ni sin maquillaje y cuidados, choca saber que hallaron su cuerpo sin dientes, por lo que llevaba dentadura postiza a sus 36 años. También usaba “dos pequeños pechos falsos para realzar los suyos” y lucir así como la estrella que todos conocían o querían conocer.

 

Ser una estrella es más duro de lo que parece. Lo peor no es que muriera una actriz, sino el por qué y, más importante aún, que no se le permita estar fea el día de su muerte. Ser un icónico no debería ser sinónimo de explotación. Descansa en paz Norma Jeane Mortenson.